3 de agosto de 2007

Masculinidad y Relaciones de Poder entre los Hombres

Por Priscilla Valenzuela
Universidad Autónoma de Santo Domingo

Introducción

El presente trabajo es un breve análisis sobre la forma en que se concibe la masculinidad en nuestras sociedades y como el dominicano las exterioriza.

Las personas nacen como mujeres o como hombres y a esa característica se le llama sexo, el cual depende de la constitución genética y de la distribución de las hormonas antes del nacimiento y en varias etapas del ciclo vital.

La evolución ha determinado los dos sexos de la especie humana diferenciando el vigésimo tercer par en sus cromosomas: XX en la mujer y XY en el hombre. El sexo del niño se define según la fórmula cromosómica del espermatozoide que fecunda el óvulo. Es pues el macho quien engendra el macho. El macho XY posee todos los genes presentes en la hembra XX y además hereda genes del cromosoma Y. El papel de Y es el de desviar la tendencia espontánea de organizar un ovario, y forzar la aparición de un testículo. Las diferentes células del testículo comienzan a cumplir sus funciones especializadas, entre las cuales está la producción de una hormona masculina: la testosterona. La hembra XX organiza por su parte un ovario que da lugar a los estrógenos (Badinter, 1993).

Existen varios métodos de aprendizaje de la masculinidad que usa la sociedad para construir hombres, estos son: la familia, quien es el primer grupo de socialización del niño, la escuela y la iglesia, donde se producen los valores patriarcales y las características, hábitos y roles asignados socialmente a los niños. Otras fuentes de modelos de masculinidad son: los grupos de amigos, medios de comunicación y por reacción.

La construcción de la masculinidad hegemónica esta vinculada con la adopción de practicas temerarias y de graves riesgos (como en el caso de la actividad sexual, al rechazar el uso del preservativo para prevenir el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual) y también el consumo de alcohol y drogas, que suelen facilitar las conductas sexuales inseguras.

A pesar de que lo masculino se asocia a la calle, el hombre no es solo exterior sino ambivalente. Criado entre mujeres, debe conquistar la calle al llegar a la pubertad, pues la casa es siempre suya. Mientras los hombres son poseedores naturales de la calle, las mujeres sólo pueden acceder a ésta cuando están bajo su protección o bien deben someterse a las reglas de juego masculino.

La masculinidad supone un largo camino lleno de retos, los cuales deben ser superados con habilidad y un fuerte espíritu competitivo, ya que los varones son sometidos desde temprana edad a pruebas en relación con su desempeño sexual (masturbación colectiva, evaluación del tamaño del pene, evaluación de la potencia sexual, asistir con los amigos a ver una película pornográfica) con la capacidad y habilidad física, en relación con la agilidad mental y habilidades artísticas o con la conquista amorosa (Valdez & Olavarría, 1999).

Masculinidad y Relaciones de Poder Entre los Hombres

¿Qué es la masculinidad?

Elizabeth Badinter (1993) señala que los cromosomas sexuales definen el sexo genético de los hombres y simbolizan su historia. XY es la fórmula cromosómica del hombre. Pero que posea estos cromosomas no quiere decir que sea poseedor de la identidad masculina ya que muchos hombres no se identifican con lo masculino. El desarrollo de la identidad masculina es un camino largo, sembrado de dificultades que muchos niños definen de manera muy simple: lo que no es femenino.

Kimmel (1997) expone que la masculinidad está conformada por un conjunto de significados cambiantes, aunque recorridos por una constante: la construcción histórico-social de la virilidad que tiene lugar en la oposición a las mujeres y a las minorías sexuales y raciales. Así, la masculinidad es ante todo la “huída de lo femenino” originada por la necesidad de distanciarse de la madre que representa la infancia desvalida, dependiente y castrada que el varón debe sepultar. La identidad masculina nace de la renuncia de lo femenino, no de la afirmación directa de lo masculino, lo cual deja a la identidad de género masculino tenue y frágil.

Por lo tanto, no hay que ser como las mujeres. No ser femenino es la premisa bajo la que está construida la identidad masculina. Según Kimmel (1997), en el hombre existe una tendencia a repudiar a la madre para poder adquirir la masculinidad:
  • El hombre se aleja de la madre y con ella de sus cualidades.
  • Cancela todo rasgo femenino en él.
  • Para demostrar las dos anteriores, aprende a devaluar a las mujeres.
El hombre nace del vientre de una mujer, es cuidado y criado durante nueve meses por ella, posteriormente amamantado y mecido por una mujer, al contrario de la niña que en todo momento tiene su modelo de identificación a su lado. El niño solo existe oponiéndose a su madre, a su femineidad y tratando de identificarse con su padre que muchas veces está ausente.

Mara Viveros (como se cita en Valdéz & Olavarría 1999) propone que la masculinidad, lejos de ser innata, constituye una categoría polisémica, relacional e histórica.

Características Asignadas a Los Hombres Dominicanos

Valenzuela y Fabián (2002) manifiestan que la sociedad dominicana inculca a los hombres ciertos hábitos sociales aceptados generalmente, como masculinos, como el ser:
  • Proveedor
  • Machista
  • Objetivo, racional, inteligente
  • Arriesgado
  • Valiente, seguro
  • Morboso, potente sexual, viril
  • Tígueres y leones
  • Parrandero, jugador
  • Mujeriego, conquistador
  • Desaplicado, irresponsable
El hombre es concebido como un ser de corazón duro y fuerte, sensible a muy pocas cosas o incapaz de demostrar su sensibilidad. El poder masculino es reconocido como una característica fundamental en la identidad masculina que la sociedad les asigna. Es un poder que busca dominar, explotar y subordinar especialmente a las mujeres. El poder no es sólo económico, sino emocional, sexual, social y político. Este poder es ejercido principalmente sobre las mujeres. Deben destacarse en cada reunión, actividad, deben llevar la delantera, ocupar los puestos más importantes. (Valenzuela & Fabián, 2002)

Krohn-Hansen (como se cita en De Moya, s.f.) señala que “los dos problemas de legitimación del dominicano son: ser confundido con una mujer y ser confundido con una persona de origen haitiano, evidenciando el profundo inconsciente y contradictorio carácter racista y sexista de la cultura ancestral del dominicano”. (p. 3)

A los niños desde temprana edad se les educa diciendo que el mundo de la mujer es la casa y la casa del hombre es el mundo. De esta manera los varones juegan a ver quien es el mas fuerte y audaz en ese mundo que es su casa, quien es el más hábil y valiente, el más capaz de desafiar las normas establecidas y de salirse con la suya, es decir aprenden a ser hombres y con ello afianzan su masculinidad. (Badinter, 1993)

En el dominicano se da lo que De Moya llama falicismo-homofóbico, lo cual es el culto obsesivo a la masculinidad y un terror irracional a adquirir las propiedades que se describen en una mujer, como es la ternura, servilismo, tranquilidad, paciencia, ama de casa, entre otras (De Moya & García, 1996, 1999). En este sentido vemos como para los dominicanos es importante el uso del falo, con su capacidad de conquistar varias mujeres y dejarlas satisfechas con su virilidad y el repudio a lo que no es masculino que se da en la homofobia.

La homofobia es el esfuerzo por suprimir el deseo por otro hombre. La huida homofóbica de la intimidad con otros hombres es el repudio al homosexual que hay dentro de sí (lado femenino), tarea que no es totalmente exitosa y por tanto tienen una gran necesidad de mostrar a sus compañeros y a sí mismos que no son afeminados, no homosexuales. La homofobia es el miedo de los hombres a que otros hombres los desenmascaren, los castren, le revelen a ellos mismos y al mundo que no alcanzan los estándares, que no son verdaderos hombres. Los hombres tienen el temor a que otros hombres vean ese miedo, no tiene miedo a las mujeres sino de ser avergonzados o humillados delante de otros hombres, o de ser dominados por hombres más fuertes. Su miedo es el miedo de la humillación, tienen vergüenza de estar asustados (Kimmel, 1997).

El machismo designa la obsesión del varón por el predominio y la virilidad que se manifiesta en la conquista sexual de la mujer. Ello se expresa en la posesividad respecto a la propia mujer, especialmente en lo que se refiere a los avances de los otros varones y en los actos de agresión y jactancia con relación a otros hombres. El macho sería el varón hipersexuado que se afirma como tal a través del ejercicio irrefrenado de su sexualidad y a través del dominio sobre las mujeres, pero sin asumir su rol de jefe de familia y padre proveedor. (Kaufman, 1998; Kimmel, 1997)

Una de las características más evidentes de la masculinidad tradicional es la heterosexualidad. La identidad masculina se asocia al hecho de poseer, tomar, penetrar, dominar y afirmarse, usando la fuerza si es necesario. La identidad femenina, por su parte, se identifica con el ser poseído, dócil, pasivo, dado al sometimiento. La normalidad en la identidad sexual se traduce en el contexto de la dominación de la mujer por el hombre. Desde esta óptica, la homosexualidad, que implica dominación del hombre por el hombre, es considerada como una enfermedad o como un trastorno de la identidad de género. (Badinter, 1993; Valdéz & Olavaría, 1999)

La heterosexualidad es una prueba de la masculinidad tradicional. Tras haberse diferenciado de la madre (no soy un bebé) y del sexo femenino (no soy una niña), el muchacho debe demostrar que no es homosexual y que no desea poseer otros hombres ni ser poseído por ellos. En nuestras sociedades predomina la idea según la cual la preferencia por las mujeres determina la autenticidad del hombre. Es como si la posesión de una mujer reforzara la identidad deseada: tener una mujer para no ser mujer. Para ciertas personas, el simple hecho de no ser homosexual constituye la mejor prueba de la masculinidad. (Valenzuela & Fabián, 2002)

Breve análisis de la construcción de la masculinidad del dominicano desde los taínos al movimiento de la nueva masculinidad.

Los taínos nuestros primeros pobladores en la isla de Santo Domingo, mostraban su poder a través de los caciques, los cuales eran jefes poderosos consolidados en los cacicazgos, quienes tenía derecho a tener varias mujeres para su disfrute y servicio. Esto nos refuerza que desde los taínos se manifestaban en nuestra isla las conductas en torno al machismo, virilidad y potencia sexual que caracterizan al dominicano. (De Moya, s.f.; Sánchez, 1997)

Cuando los españoles se mezclaron con los taínos, la cultura aborígen pronto se extinguió, debido al mal trato de los conquistadores, quienes solo dejaron vivas a las mujeres taínas con las cuales se amancebaban y procrearon hijos a los cuales continuaron trasmitiéndole su cultura. (Deive, 1978)

Deive (1988) en su libro La Mala Vida comenta que:

Los españoles que protagonizaron el descubrimiento y la conquista de la
Española, trajeron consigo sus hábitos y costumbres y los impusieron en la isla.
El desenfreno erótico, normal o extraviado, era compartido por una inmensa
minoría, pues la regla no escandaliza y es achaque de moralizantes generalizar
el exceso. Junto a las acechanzas a la virginidad, proliferaban los cuernos
maritales, los amancebamientos y la sodomía. Las solteras tendían trampas
matrimoniales con el señuelo de su doncellez perdida. La sensualidad más
exacerbada campeaba por todas partes. Consecuencia de ello fue el gran número de
hijos bastardos (p. 11).


Deive también señala que la relajación de las costumbres y el libertinaje también llego a los clérigos y frailes; así destaca al mercedario Fray Agustín de Palenzuela a quien se le adjudica el refrán “Sarna con gusto no pica” y Fray Alonzo de las Casas, quien convierte el convento de Santa Clara en un harén donde fungiendo como sultán, se refocilaba por todo lo alto y bajo. Tan aplicado se mostraba el provincial en sus sobaqueos que como resultado, perdieron la virginidad doce monjas. (Daive, 1988)

Con la introducción de los negros africanos a Santo Domingo se ponen en mayor auge las practicas sexuales enfatizadas en lo mágico religioso. En lo religioso, los africanos tenían una estrecha relación entre la concepción espiritual y sexual del mundo. Los africanos aceptaban la sexualidad como parte integral de su relación con el mundo al punto de tenerla integrada dentro de su conciencia mágica. Estas prácticas eróticas varían radicalmente según la etnia. En algunas etnias africanas la homo-eroticidad es tan común y aceptada como las relaciones heterosexuales (Giraldo, 2000).

Los africanos basan sus prácticas religiosas en el culto a los muertos. Las diferentes etnias africanas traídas a Santo domingo (mandingas, yorubas, congos, bagás, walús y muchos otros pueblos) celebraban sus ritos funerarios en forma ruidosa y a veces orgiástica. Los chamanes o sacerdotes tenían la capacidad de canalizar fuerzas constructivas o destructivas mediante el poder de la palabra y la conexión con los ancestros. Eran dueños de la fuerza y poseían poderes irresistibles, de un fluido invisible considerado como principio activo, responsable y consciente, es capaz de provocar infortunios como enfermedades, muerte y destrucción de bienes (Deive, 1978).

Tenemos una mezcla de creencias entre la presencia de seres espirituales católicos de los españoles y los seres loases de los africanos. Se presenta al santo católico unido a una divinidad africana, Carbuccia (2004) señala que entre los Dioses que veneran la masculinidad tenemos:
  • Changó o Santa Bárbara, diosa de la belleza viril.
  • Orunmila o San Francisco de Asís, benefactor de los hombres.
  • Ogún representado por: San Juan Bautista, San Jorge y San Pablo, es un santo violento y astuto, patrón de las actividades masculinas, cazador, guerrero, bárbaro y bestial.
A través de la historia del pueblo dominicano vemos como políticos, caudillos, patricios, desarrollaron su masculinidad a través del poder, la imposición por la fuerza, las guerras y las políticas de control hacia los más débiles y las mujeres.

En el siglo XX voy a destacar la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, un gobierno autoritario y homofóbico. Trujillo, un hombre de poder y con el control de todo un pueblo en sus manos, no concebía que mujeres bonitas y de alta sociedad, a quienes él acostumbraba a usar como sus objetos políticos o sus gratificaciones sexuales, como las hermanas Mirabal, se opusieran a su régimen, pero más aun como fue el caso de Minerva Mirabal, quien se opuso fuertemente a este régimen.

Otro punto que escenifica el culto al falo del dominicano es la creación de obras fálicas como el Obelisco Macho, creado en la era de Trujillo.

Así vemos como en la construcción de la masculinidad existe mucha rivalidad entre los hombres y luchas de poder a diferentes niveles y ámbitos vinculados con la imagen de inteligente, astuto, solvente. El hombre que no responde a este estereotipo, es considerado un ser inferior, débil, poco hombre, mamita, flojo sexual, cuestionado y mal visto por otros varones y por muchas mujeres, según la concepción machista de la masculinidad que caracteriza a los dominicanos.

Valenzuela y Fabián (2002) comentan que desde hace algunos años se esta desarrollando el movimiento llamado nueva masculinidad el cual se arraiga en las experiencias masculinas, no en la experiencia femenina ni en lo que puedan pensar las mujeres de la experiencia masculina. Es un movimiento positivo no negativo con respecto a los hombres, y apoya a los hombres que se atreven a deshacerse de sus papeles autodestructivos, es con toda seguridad no feminista.

Los hombres plantean ir más allá de las características tradicionales y abrirse a las cualidades femeninas tradicionales. Estas cualidades como son la introversión, intuición, sentimiento y percepción han sido etiquetadas como categorías inferiores y reprimidas en el inconsciente, lejos de la identidad consiente de los hombres. (Thompson, 2000)

La creación de una nueva imagen de la masculinidad, no supone rechazar en su totalidad la herencia de la masculinidad tradicional, si no que se trata de salvar las cualidades valiosas y positivas de la masculinidad como tal, dando como resultado un hombre capaz de expresar sus sentimientos, miedos, deseos, aflicciones, ideas, sin que pierda su valor como hombre (Sparks, 2000).

De acuerdo con Kipnis (2000), la imagen que esta emergiendo de la masculinidad es la de un hombre creativo, fecundo, generador, atento, protector y compasivo que vive en armonía con la tierra y la feminidad, y que es también erótico, libre, salvaje, alegre, enérgico. Esta imagen va en oposición al hombre invencible, rígido patriarcal y guerrero, que sufre en silencio sus miedos y necesidades.

Se plantea que los hombres han de comunicarse los unos a los otros el dolor y reconocer sus miedos, ayudarse para recurrir a una fuente de energía y llevar a cabo un cambio positivo. Se promueve en los hombres la práctica no violenta como un componente de una nueva forma de masculinidad no basada en el dominio. Muchos hombres reclaman el derecho a poder hablar lo que sienten y piensan, no desde la soberbia, sino desde la más honda sinceridad. Un hombre débil puede ser tan varonil como femenina una mujer fuerte, solo tiene que ser honesto saber aceptarse a sí mismo y ser feliz. (Valenzuela & Fabián, 2002)

La nueva masculinidad debería generar grandes transformaciones entre las próximas generaciones, una masculinidad más diversificada y sutil, donde las relaciones de parejas sean más democráticas que las que conocemos en la actualidad y que no tienen solo que ver con la buena voluntad de los individuos. Sin embargo en los últimos veinte años el hombre se ha hecho más amable, más considerado. Pero este hombre no es más feliz y además es rechazado por muchas mujeres. En la vida interior de estos hombres falta una conexión entre las energías masculinas profundas e instintivas, con los potenciales de la masculinidad. (Sparks, 2000)

Conclusión

Más que concluir, este trabajo abre puertas para profundizar más en el estudio de la masculinidad del hombre dominicano.

Una lección que podemos sacar de este trabajo es la necesidad de promover en los hombres la equidad y el respeto en las relaciones con las mujeres, niños, niñas y con otros grupos de personas, con las que tienen muy poco en común, entendiéndose que los otros ofrecen una disculpa para la marginación, la discriminación y hasta el cometer actos violentos contra ellos.

Es importante destacar la función del padre en el desarrollo de la masculinidad de los hijos varones, quien muchas veces esta ausente y esto conlleva a que los hijos varones se eduquen a través de los amigos, la calle y la televisión. Recordemos que los varones necesitan una figura paterna (padre, abuelos, tíos o maestro) que les enseñe su rol y los ayude a desarrollar su masculinidad de manera segura, tranquila y sin traumas sexuales.

En los medios de comunicación vemos difundir la imagen del hombre homosexual devaluado, inferior o denigrado de forma vulgar. En ese sentido se propone descontinuar dicha práctica en el entendido de que se fomenta la discriminación. Se sugiere programas educativos para la sociedad y para estos hombres, con el objetivo de lograr la comprensión de que los homosexuales son personas con sentimientos, que trabajan, estudian y aportan una contribución útil a la sociedad.

Respecto a la violencia, que se da con mayor frecuencia en nuestro medio, se recomiendan programas educativos dirigidos a contrarrestar dicha práctica, para lograr una mejor formación de los niños, niñas y adolescentes. Es deseable futuras investigaciones para mejorar la efectividad del trabajo educativo antisexista.

Es significativo realizar estudios que ayuden al hombre a comprender la nueva identidad masculina, acorde con estos tiempos de globalización y cambios. Se estimula en general a que se reúnan y dialoguen entre sí, que expresen sus temores en torno a las relaciones de pareja, emociones, dificultades, inseguridades, logros, expectativas y que se apoyen unos a otros.

Si profundizamos en promover las ideas de lo que es ser hombre en la Nueva Masculinidad, tendremos en nuestra sociedad hombres más equitativos, respetuosos de sus relaciones con sus mujeres y con sus hijos.

Referencias

Badinter, E. (1993). XY la identidad masculina. Madrid: Alianza Editorial.
Carbuccia, M. (2004). Ensayo sexualidad y religiosidad: herencia afro-caribeña [trabajo no publicado]. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo.

De Moya, A. (s.f.). Adelantos en la investigación en la sexualidad del/la adolescente dominicano/a. Santo Domingo: Consejo Presidencial del SIDA.

De Moya, A. & García, R. (1996). AIDS and the enigma of bisexuality in the Dominican Republic. En P. Aggleton (Ed.). Bisexualities and AIDS: International perspectives. Londres: Taylor & Francis.

De Moya, A. & García, R. (1999). Three decades of male sex work in Santo Domingo. En P. Aggleton (Ed.). Men who sell sex: International perspective on male prostitution and HIV/AIDS. Londres: Taylor & Francis.

Deive, C. E. (1978). El indio, el negro, la vida tradicional dominicana. Santo Domingo: Ediciones Museo del Hombre Dominicano.

Deive, C. E. (1988). La mala vida. Santo Domingo: Editora Taller.

Giraldo, C. (2000). Esclavos sodomitas en Cartagena Colonial. Revista Histórica Crítica: Universidad de los Andes.

Kaufman, M. (1998). Hombres placer, poder, y cambio. Santo Domingo: Editora Taller.

Kaufman, M. (1998). Las experiencias contradictorias del poder entre los hombres. Santiago de Chile: ISIS/FLACSO.

Kimmel, M. (1997). Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina. En T. Valdéz y J. Olavaría (Eds.). Masculinidades. Santiago de Chile: ISIS/FLACSO.

Kipnis, A. (2000). Imágenes olvidadas de la masculinidad sagrada. En K. Thompson (Ed.). Ser hombre (3a. ed.). Barcelona: Editorial Kairos.

Sánchez, F. (1997). Psicología del pueblo dominicano. Santo Domingo: Editora Universitaria UASD.

Sparks, T. (2000). Hasta el infierno y regreso: la recuperación del hombre. En K. Thompson (Ed.). Ser hombre (3a. ed.). Barcelona: Editorial Kairos.

Thompson, K. (2000). Ser hombre (3a ed.). Barcelona: Editorial Kairos.

Valdéz T. & Olavaría J. (1999). Masculinidades. Santiago de Chile: ISIS/FLACSO.

Valenzuela P. & Fabián L. (2002). Nueva Masculinidad: Estudio descriptivo con los estudiantes masculinos del Instituto Policial de Estudios Superiores (IPES) y del Instituto Militar de Educación Superior (IMES), en el mes de julio del año 2002 [tesis de grado no publicada]. Santo Domingo. Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña.

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