26 de diciembre de 2005

La comunicación paradójica

Por Priscilla Valenzuela
Psykhê Centro de Investigaciones

Las paradojas son contradicciones a las que llega, en ciertos casos, el razonamiento abstracto. Las primeras formas de la palabra aparecieron del latín paradoxum, pero es encontrada también en textos griegos como paradoxon. Se encuentra compuesta por el prefijo para, que significa contrario a o alterado, en conjunción con el sufijo doxa, que significa opinión. (Enciclopedia Libre Wikipedia, s.f.)

De acuerdo con Watzlawick, Helmick y Jackson (1983), “la paradoja puede definirse como una contradicción que resulta de una deducción correcta a partir de premisas congruentes” (p. 173). Esto es, la emisión de dos mensajes simultáneos que resultan ser incompatibles entre sí.

Las paradojas surgen por doquier y actúan en todos los campos de las relaciones humanas. Existen razones para creer que ejercen una considerable y permanente influencia en nuestra percepción de la realidad.

Una prescripción paradójica es escrita en muchas diferentes maneras para hablar de sí misma, como lo muestra el caso de Epiménides, quien era cretense, en el siglo VI a. C. (como se cita en Watzlawick, Weakland, Fisch & Ericsson, 1982). Él dice: “Todos los cretenses son mentirosos” (p. 87). En la declaración de esta frase se encuentran involucrados dos niveles del lenguaje: un nivel es la declaración hecha por un cretense y el otro nivel es la declaración hecha sobre los cretenses. Como el contenido de los dos niveles del lenguaje es contradictorio, de aquí se deduce una paradoja (Brown & Slee, 1986).

En un nivel interpersonal, una forma común de comunicación es la paradoja del “sé espontáneo”. En este caso, se hace la exigencia de un comportamiento que por naturaleza tan solo puede ser espontáneo si la persona lo hace por iniciativa propia, pero no puede serlo, a causa precisamente de haber sido exigido (Watzlawick et al. 1982).

Las paradojas del tipo “sé espontáneo” también se aplican en las dictaduras, donde, casi de modo inevitable, el dictador no se contenta con la mera obediencia a las leyes basadas en el sentido común, sino que quiere cambiar los pensamientos, los valores y los puntos de vista del pueblo (e.g., Rafael Leonidas Trujillo exigía obediencia a su régimen y sus leyes sin que las personas tuvieran derecho a cuestionarlas. Había que desear lo que él imponía). No basta con someterse simplemente a la coerción, hay que quererla; no basta con aceptar las leyes y mandatos, hay que creer en ellos y fomentarlos. (Watzlawick et al.1982)

La paradoja en psicoterapia ha sido definida por muchos autores como una intervención en la cual el terapeuta promueve empeorar el problema antes de la recuperación, como un uso terapéutico del doble vínculo y como una terapia basada en el principio de que la persona es experta en cambiar bajo el mandato de que no cambie. Esta técnica ha emergido de las múltiples orientaciones terapéuticas incluidas la logoterapia, la terapia conductual y la terapia sistémica. Adler es comúnmente considerado como la primera persona en describir las técnicas paradójicas. (Hill, 1992; Watzlawick et al.1982)

El Instituto de Palo Alto, en California, ha sido el que más se ha encargado de promulgar el uso de las técnicas paradójicas en psicoterapia (Brown & Slee, 1986). Por su parte, Shoham-Salomon y Rosenthal realizaron en 1987 un estudio donde expresan que la intervención paradójica en terapia familiar guarda relación con las técnicas de terapia conductual. Encontraron un impresionante número de reportes clínicos que aseguran la dramática manifestación y larga duración de la eficacia de la intervención que encara, elogia y prescribe el mismo problema conductual que el paciente espera cambiar. Como por ejemplo, el caso de un isomaniaco, el cual se encara para que trate de mantenerse despierto o una persona depresiva a la cual se le dice: “manténgase usted depresivo”, “su depresión demuestra el sacrificio enorme que hace para mantener su enfermedad”.

El uso de la paradoja terapéutica esta motivada por el hecho de que exhorten con frecuencia a familias que solicitan ayuda pero que al mismo tiempo parecen rechazar todo tipo de ofrecimiento en ese sentido. (Papp, 1992)

La paradoja utilizada en psicoterapia, a diferencia del doble vínculo (i.e., cuando se dan dos mensajes contradictorios al mismo tiempo, a través del lenguaje verbal y no verbal, y la persona que recibe el mensaje no puede hablar con el emisor sobre la contradicción del mensaje), no obliga al paciente a responder según una modalidad patológica, sino que busca la interrupción de un círculo vicioso (Selvini, Boscolo, Cecchin & Prata ,1986).

Papp (1992) explica que el empleo que se hace de las paradojas se basa en tres conceptos, que admite como supuestos: a) la familia es un sistema autorregulador; b) el síntoma es un mecanismo de autorregulación; y c) el concepto de resistencia sistémica al cambio, que es consecuencia de los dos anteriores. Como el síntoma se utiliza para regular una parte disfuncional del sistema, si el síntoma es eliminado, esa parte del sistema quedará sin regulación.

Las paradojas son utilizadas como un instrumento clínico para enfrentar resistencias y evitar las luchas de poder entre la familia y el terapeuta. En los casos de mucha resistencia, el terapeuta, en lugar de continuar con intentos inútiles de cambio, puede aceptar la contradicción en que se encuentra confrontado; es decir, que al aceptar el doble mensaje se ubica en la relación de un modo exactamente inverso de aquel en que la familia espera verlo. Su respuesta al requerimiento paradójico de la familia es a su vez una paradoja (o contraparadoja), porque utiliza la contradicción comunicativa propia del doble vínculo para comunicarse con la familia (Selvini et al. 1986).

Las paradojas no son siempre necesarias ni siempre deseables. Se deben reservar para las pautas interactivas larvadas y de larga duración, repetitivas, que no responden a intervenciones directas como serían las explicaciones lógicas o las sugerencias racionales. Las intervenciones se pueden clasificar como directas o basadas en la aceptación, por el hecho de que el terapeuta espera que la familia las acepte; y como paradójicas y basadas en el desafió, por el hecho de que el terapeuta espera que la familia las desafíe (Papp, 1992).

La tarea fundamental del terapeuta que trabaja con las técnicas paradójicas consiste en abrir brechas en el sistema familiar para permitir a la familia el redescubrimiento de valores en su interior, que liberen al paciente identificado y a la familia de una situación de malestar que se ha perpetuado en el tiempo, y les restituyan la iniciativa de sus propias acciones. El terapeuta lo que se propone con la terapia es obtener un cambio que vaya más allá de la resolución del síntoma individual y que incida a nivel de todos los miembros del sistema proporcionándoles modelos transaccionales nuevos que ya no tengan necesidad de comportamientos sintomáticos.

El uso de las técnicas paradójicas en psicoterapia abre las puertas a un gran repertorio de técnicas para trabajar con las familias en terapia familiar, en distintas situaciones, permitiendo que estas sean capaces de poco o poco ir redefiniendo su homeostasis y formular un nuevo equilibrio que parte desde ella misma.


Referencias

Brown, J. & Slee, P. (1986). Paradoxical strategies, the ethics of intervention [Versión electrónica]. Professional Psychology: Research and Practice, 17, 487-491.

Enciclopedia Libre Wikipedia. (s.f.). Recuperado el 6 de junio de 2005, de http://es.wikipedia.org/wiki/paradoja.

Hill, M. (1992). A feminist model for the use of paradoxical techniques in psychotherapy [Versión electrónica]. Professional Psychology: Research and Practice, 23, 287-292.

Papp, P. (1992). Paradojas. En S. Minuchin & H. C. Fishman (Eds.). Técnicas de terapia familiar (pp. 242-258). Barcelona.: Paidos.

Selvini, M. Boscolo, L. Cecchin, G. & Prata, G. (1986). Paradoja y contraparadoja: un nuevo modelo en la terapia familiar de transacción esquizofrenica. Barcelona.: Paidos.

Shoham-Salomon, V. & Rosenthal, R. (1987). Paradoxical interventions. A meta-analysis [Versión electrónica]. Professional Psychology: Research and Practice, 55, 22-28.

Watzlawick, P. Helmick J. & Jackson, D. (1983) Teoría de la comunicación humana. Barcelona.: Herder.

Watzlawick, P. Weakland, J. Fisch, R. & Ericsson, M. (1982). Cambio: formación y solución de los problemas humanos. Barcelona.: Herder.

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